Escenas míticas I: El hombre que mató a Liberty Valance

Escenas míticas 1: «Ese es mi filete, Valance»

Escenas míticas. Capítulo 1. “El hombre que mató a Liberty Valance”.
Análisis de la legendaria escena en la que Tom Doniphon (John Wayne) se encara con Liberty Valance (Lee Marvin) con la frase “Ese es mi filete, Valance”, ante la mirada atónita de Ramson Stoddard.
El ensayo incluye un contexto del filme y explica por qué se trata del gran western crepuscular de la historia del cine.
Además, se explican las principales características de puesta en escena, realización e interpretativas que hacen de la escena un momento cinematográfico inolvidable.

Los géneros cinematográficos: el western II

Capítulo 2. El western. Evolución del período clásico

Capítulo 2. «El western II: evolución del período clásico».
¿Cómo dio el western sus primeros pasos? ¿Por qué Thomas H. Ince fue una figura clave en su configuración? ¿Cómo influyó la tecnología sonora en el asentamiento del género durante el cine clásico? ¿Qué peso tuvo «La diligencia» en la reputación artística de las películas del Oeste? ¿Por qué la II Guerra Mundial marcó un histórico ‘antes y después’? ¿Qué es el ‘superwestern’ y el ‘western crepuscular’? ¿Quiénes fueron los autores más relevantes y cuáles fueron las películas más representativas?
La respuestas a todas estas preguntas aparecen en la segunda entrega del ‘Curso introductorio a los géneros cinematográficos’, diseñado como una serie de píldoras formativas para los alumnos de la Universidad de la Experiencia y los estudiantes de la asignatura «Géneros audiovisuales de ficción» del Grado en Comunicación Audiovisual de la Universidad Pontificia de Salamanca. Son bienvenidos, también, todos los amantes del arte cinematográfico interesados en las convenciones genéricas y sus principales manifestaciones.

[REC] 4 Apocalipsis, de Jaume Balagueró

Fallido final de una secuela memorable

Fallido final de una secuela memorable

Producción: Filmax (2014)
Dirección: Jaume Balagueró
Guión: Jaume Balagueró, Manu Díez
Fotografía: Pablo Rosso
Música: Arnau Bataller
Montaje: David Gallart
Distribuidora: Filmax
Estreno: 31 Octubre 2014
Duración: 95 min.
Intérpretes: Manuela Velasco (Ángela Vidal), Paco Manzanedo (Guzmán), Ismael Fritschi (Nic), María Alfonso Rosso (anciana), Críspulo Cabezas (Lucas), Héctor Colomé (Doctor Ricarte), Emilio Buale (Jesu), Javier Laorden (médico auxiliar), Mariano Venancio (capitán Ortega), Carlos Zabala (Goro), Paco Obregón (doctor Ginard), Cristian Aquino (Edwin).

Terminaba el año 2007 y una insólita pieza dirigida al alimón por Jaume Balagueró y Paco Plaza ensanchaba las fronteras del cine de terror español. Concebida como una vertiginosa atracción fílmica, [REC] hacía de una cámara su gran protagonista. El artilugio lo manejaba el operador de un programa de televisión que acompañaba a un grupo de bomberos durante una noche de trabajo. Todos acababan encerrados en un bloque de viviendas donde se propagaba un virus letal, mientras que el objetivo de la citada cámara se convertía en los únicos ojos del espectador durante un interesantísimo arsenal de sensaciones.
El filme se pareció mucho a un acontecimiento y, comprensiblemente, buscó pronto su reproducción. Así surgió [REC]2, mucho menos redonda que la anterior aunque hábil a la hora de mantener viva la franquicia, pues seguían siendo varias las cámaras que testimoniaban lo que el espectador vivía. El punto de vista desde el que se enunciaban los hechos se multiplicó y con ello se desinfló un tanto la potencia del relato.
Fue entonces cuando la cadena serial se quebró: Plaza dirigió en solitario la tercera entrega de la saga (Génesis) y certificó durante el primer tercio del metraje la muerte de la franquicia narrativa. La cámara protagonista se rompió para siempre jamás y [REC] dejó de ser tal para transformarse en cualquier otra cosa, la que fuera.
A mi juicio, allí quedó sepultado lo más interesante de un proyecto que, como las series de televisión más efectistas, no tienen reparos a la hora de olvidar su concepto inicial si eso supone ampliar la esperanza de vida. De hecho [REC]4 Apocalipsis cierra el ciclo con la confirmación de que de los tiempos del 2007 no quedan más que algunos elementos argumentales.
La plasmación formal y dramática no puede ser más distinta respecto a aquel arranque de 2007. Balagueró encierra en un buque mercante a varios de los que se habían librado de la infección en las entregas precedentes. Entre ellos destaca la presentadora Ángela Vidal, que despierta de pronto entre científicos siniestros que la someten a toda suerte de pruebas. También andan por allí dos policías que la rescataron en su día, una invitada a la boda de [REC]3 Génesis y varios personajes nuevos que integran la tripulación y unos equipos de seguridad que no se andan por las ramas.
El esquema es sencillo: explicación introductoria durante los primeros minutos, plaga desatada en el tramo del medio y giro sorprendente al final. Fibra en el relato hay más bien poca. De hecho, sorprende la falta de sustancia de un guión que abunda, además, en diálogos forzados imposibles de ser dichos con convicción por unos actores que, en general, están lejos de transmitir algo que suene a «verdad». Eso es especialmente así en el caso del policía al que encarna Paco Manzanedo y en el de la misma Ángela/Manuela Velasco, de cuya frescura en tiempos pretéritos no queda huella alguna.
A falta de todo lo demás, uno solo puede consolarse con la solvencia que Balagueró demuestra en las secuencias de acción. Su eficacia es evidente y aprovecha los espacios angostos del navío, los pasillos, las puertas y la textura grisácea de las imágenes para generar un ambiente opresivo. Sin embargo, también es cierto que se refugia demasiado en la agitación de la cámara y las escalas muy cerradas para que, en el fondo, no se vea nada en pantalla como técnica para generar inquietud.
Si a ello se le suma una presencia abusiva de la banda sonora el amargo regusto que deja [REC]4 Apocalipsis queda servido. La insatisfacción, por cierto, en absoluto resulta inesperada, pues si algo se deduce del análisis de la serie es la creciente irregularidad provocada por sus vaivenes, circunstancia especialmente notoria dada la gran fuerza de su concepto primerizo, del que apenas quedan cenizas en este olvidable cierre.

El hombre más buscado, de Anton Corbijn

Exhibición interpretativa de Philip Seymour Hoffman

Exhibición interpretativa de Philip Seymour Hoffman

Título original: A Most Wanted Man
Producción: The Ink Factory, Potboiler Productions, Amusement Park Films, Demarest Films, Film4, Senator Film Produktion (2014).
Dirección: Anton Corbijn
Guión: Andrew Bovell, basado en la novela homónima de John Le Carré.
Fotografía: Benoît Delhomme
Música: Herbert Grönemeyer
Montaje: Claire Simpson
Distribuidora: eOne Films Spain
Estreno: 12 Septiembre 2014
Duración: 122 min.
Intérpretes: Grigoriy Dobrygin (Issa Karpov), Philip Seymour Hoffman (Günther Bachmann), Homayoun Ershadi (Abdullah), Mehdi Dehbi (Jamal), Nina Hoss (Irna Frey), Daniel Brühl (Maximiliam), Vicky Krieps (Niki), Kostja Ullmann (Rasheed), Franz Hartwig (Karl), Willem Dafoe (Tommy Brue), Robin Wright (Martha Sullivan).

Un actor, una ciudad y un género. Sobre los tres pilares se levanta, en sugerente imperfección, El hombre más buscado. El actor es Philip Seymour Hoffman, uno de los más completos y sólidos intérpretes en el paisaje internacional de los últimos años. La ciudad es Hamburgo, portuario cruce de caminos. Y el género es el thriller de espías en su vertiente más densa, con el inconfundible aroma Le Carré sobrevolando los fotogramas. Un trío de ingredientes que no son poca cosa.
Por desgracia, se trata de la última película como protagonista absoluto de Seymour Hoffman, otro de esos seres humanos que tuvo la desgracia de ser elegido por los dioses para soportar el peso de un don excepcional. Cualquiera podría considerarlo una fortuna, pero la tozuda historia está llena de individuos devorados por los efectos secundarios de la genialidad artística.
De ese nivel que se eleva sobre lo ordinario da buena cuenta El hombre más buscado. Podría escribirse aquí que Günther Bachmann es un personaje que se adapta como un guante a las cualidades del actor si no fuera porque eso ha sido así con casi todas las criaturas de ficción a las que cedió cuerpo y voz. En cualquier caso, el espía introvertido, bebedor y cínico al que encarna aquí es una especie de homenaje a la decadencia particularmente emotivo.
Tras el 11-S cambiaron las relaciones entre las agencias de inteligencia mientras los poderes introdujeron nuevas estrategias en nombre de la sagrada seguridad antiterrorista. Hamburgo es un buen lugar para dar cuenta de los pasillos sórdidos y grises diseñados para combatir a los malos oficiales. Urbe de paso e inclusiva en otros tiempos, asume ahora el papel de controlar a quienes acaban en ella. Por lo que pueda pasar, claro. Y por encima de las libertades individuales, una quimera cuando se ponen en riesgo los intereses indiscutibles.
Es así como Issa, hijo de un militar ruso y de una mujer chechena víctima de abusos, llega a la ciudad alemana reclamando la herencia de su padre. Convertido a la religión musulmana, sus movimientos son objeto de seguimiento para aclarar si se trata de un terrorista metido en un violento plan o un tipo con intenciones pacíficas. Y entre medias emerge Günther, el tipo curado de espanto defiende la astucia antes que los golpes de efecto de unas fuerzas de seguridad ansiosas de medallas políticas.
Los mimbres resultan familiares para cualquiera que conozca someramente la obra literaria de John Le Carré, adaptado por enésima vez a la gran pantalla. El guión resultante es irregular e incurre en lagunas precipitadas al final con un desenlace abrupto y algo previsible. Sin embargo, la narración posee una atmósfera malsana y atractiva, hipnótica gracias al trabajo del director Anton Corbijn en la puesta en escena.
Los lugares grises, las composiciones geométricas y desalmadas, la fisonomía decrépita de una ciudad que es la metáfora imponente del protagonista… el conjunto tiene una intención fílmica algo desconcertante –no es nuevo, le sucedía también a El americano, dirigida en 2010 por el propio Corbijn– aunque absorbente. Y es que el realizador no deja escapar el potencial de un actor, una ciudad y una atmósfera idóneas para los amantes del thriller de espías.